If you have twenty four, sixty one or twenty old five years
and I tell again madurar no es crecer
and your burning your life going fast like the wind
trying to be a men, driving fast cars, drinking to other wine, smoke...
Madurar no es crecer.
Llegó el momento de desprenderse de todo lo anterior. Si Descartes pudo en el 1500, por qué yo no? Me voy a los Países Bajos.
Siempre igual los que no pueden más.
Y esta canción es solo para que los pájaros de tu alma vuelen, aunque yo no esté.
Y algo que no ves llora en un rincón. Creyendo estar bien, no lo ves, no querés.
No sos vos, soy yo. Pero sos vos y también soy yo. O vos ya no sos conmigo. O ya nada es con nada. Vos, yo, el todo, es un caos.
Hola, vos. Cómo estás? Buen día, ya son casi 6:20 pero debés estar durmiendo... Y nada. Te extraño.
- Pero solo el amor no alcanza.
La lágrima me dice que yo tampoco soy la hija de un amor, la hija del dolor, la hija que no espera.
Tu tiempo se acabó...
Yo solo tengo esta pobre antena
que me transmite lo que decís
una canción, mi ilusión, mis penas,
y este souvenir.
Nunca mejor dicho.
Estoy tan amigablemente solo que no sé de límites. El bien, el mal, el presente, el pasado, el futuro. Los límites de la moral se borran, se hacen y deshacen a cada paso. Avanzar, no avanzar, el bien y el mal, querer, no querer, y la vida y la muerte definitiva. Qué hacer, qué no hacer. Tengo mi lista pegada en la pared, tengo presente los fines pero no tengo los medios. Esos medios tengo que armarlos, me tengo que armar contra mí, controlar las pulsiones, controlar lo más oscuro que corroe lo demás, todo lo que hay. Estoy tan amigablemente solo.
Y ahora he vuelto a mis manías...
Pero jamás te quedarás ni por todo el té de China, ni aunque te cante esta canción, ni recorra la Argentina o te dé mi corazón, ni aunque escriba para vos mil canciones más de amor...
Yo no sé si vos firmarías una tregua.
El dolor de tocarte, el dolor de verte así...
Hoy fue el día en que mis inseguridades, mis tristezas y mis complejos se juntaron a tomar el té. Se juntaron a las 5 pero no sin antes acordar comprar un té inglés. Qué lástima que fue americano. Charlaron y se pusieron al día. Volaron tazas, platos, mermeladas y tostadas por los aires, incrustándose en las paredes, que miraban pálidas el espectáculo de media tarde. Al caer el sol, se saludaron cordialmente y quedaron en verse próximamente.
- No debería salir por detrás, no debería salir por el costado.
- Debe salir por delante, entonces. Por descarte.
- ¡No! No debe salir.
- Disculpe...
- Errores se cometen todo el tiempo, querida.
- Autocoacción, prácticas de control. Esto sí, esto no. Imposición de un marco normativo, coactivo, implícito. Tanto, y todo para vos... Mi amor.
Habrá que sacar las cuentas, si tropezamos otra vez.
(¡Ay, Yusa... !)
... O quizás muera de pena.
Hello, darkness, my old friend...
La protesta que encarna el silencio de todos los días no es la mejor opción. Por lo pronto, es lo único que tengo. El silencio y la copia barata de "El Capital".
Hoy estoy sentada acá, a las 2 a.m., pensando cómo encarar una carta que nunca la va a leer su destinatario y pensando por qué, después de todo, uno tiende a hacer esas cosas. Más allá de eso, me gusta escribirte algo, de vez en cuando, y me parece que hoy lo acontece.
Ayer, 1 de agosto, me pasaron muchas cosas por la cabeza... Vos, entre otras. Después de siete años y tanto que ha pasado y va a seguir pasando, todavía me suelo preguntar qué hubiese pasado si no te hubieses enfermado de la forma en la que te enfermaste y te desvaneciste. Todo sería extremadamente diferente. Me pesa mucho, realmente, pensarlo de esta forma pero gracias a que te fuiste cambié radicalmente. Aún no sé si para bien o para mal. Me encerré mucho, le tenía tanto rencor a tantas cosas y a Dios. Después de tanto rezarle para que pudieses recuperarte y volver a tu casa con esa sonrisa y ese brillo que tenías... Volver a tu casa, con tus perros, con tu familia, que tanto te ama y te extraña y que, lastimosamente, te dio la espalda en ciertas ocasiones. Pero no pasó nada. Me acuerdo cuando mamá atendió el teléfono el 1 de agosto del 2005, después de llegar del trabajo, se quebró y me abrazó tan fuerte como me abrazó pocas veces. Yo no pude hacer nada, ni creerle lo que le habían dicho. Cómo podía ser que te hubieras ido?
Ya no teniendo 10 años, me pregunto por qué no puedo superar lo que pasó, si yo realmente no te conocía. Eras una figura, una persona que veía con poca frecuencia. Los pocos recuerdos que tengo tuyos los guardo como si fuesen mi tesoro más preciado pero mirando atrás ya no los veo con tanta nitidez. También duele ver que te desvanecés en mi memoria. Y me sigo preguntando por qué después de 7 años te sigo llorando, si después de todo no te conocí.
Me gustaría poder plasmar todo lo que tengo contenido pero no puedo y te pido disculpas. Hasta pronto, Dani.
La lágrima de mil años que llora el hombre de la tapa tiene propiedades específicas: tiene la propiedad de reflejar tristezas profundas, absolutas, tan furtivas y tan poderosas como silenciosas. Cargando tantos pesares, cargando tantas culpas, tantas expectativas, rupturas, comienzos y finales, la gruesa lágrima de mil años baja a una velocidad constante inimaginablemente lenta. La lágrima de mil años no tiene prisa, nadie la llama, nadie la reclama pero los fantasmas la hacen más fuerte, más pesada. El rubor de la nariz del hombre de la tapa delata el poder mismo de la lágrima pesada de mil años. En el rubor y en la palidez mismos del hombre de la tapa se reflejan las propiedades de la lágrima de mil años, tan pesada, tan lenta. En el rubor se esconden esas pasiones que se caen en la vieja lágrima y en la palidez, las ilusiones y los temores. El hielo y la soledad aprietan los dientes y los labios carnosos del hombre, le otorgan poder al líquido salado de su mejilla, hacen que caiga, lento, tan lento que es imperceptible. Las mieles amargas y las soledades llenas de tibiezas pasadas dan el presente en la curva de las cejas del hombre. La tristeza es tan profunda como vieja y pesada la lágrima. Pobre es el hombre que carga con la lágrima de mil años. Aun así, la soledad, la miel, los temores, las ilusiones, los comienzos y las rupturas, lo hacen tan débil como fuerte y pesada es la lágrima. Nadie sabe si la misma piensa quedarse por siempre en la mejilla húmeda, pálida y ruborizada del hombre de la tapa pero él es tan fuerte como su tristeza al soportarla, al acarrearla día tras día en aquella tapa.
Decir que quiero que amanezcamos una vida nueva sería una falacia. Decir que quiero empezar de nuevo sería otra. Decir que quiero volver a un punto remoto de nuestro camino es aún peor. Pero decir que quiero presenciar aquellos momentos de calidez absoluta, de miel, de sol y palabras sueltas es casi tan exacto como decir que todos los días, remotos, abstraídos, distantes, fríos, calientes, amargos, te pienso y te anhelo como te anhelé el primer día, con la tentación que traía lo prohibido y lo dulce de tu boca, tus palabras apenas hiladas, tus ojos tristes, tu piel siempre clara y siempre liviana, aún tiznada de los rasgos que más te caracterizan. Te anhelo como aquel primer día y como el último. Te anhelo con la lluvia de todos los días y con las tormentas que desatás. Te anhelo.
Hubo días en los que fui víctima de mi paranoia, víctima de mi inseguridad, víctima de la inseguridad. Víctima de mis propias víctimas: te escribo para decirte que tu victimario se retira a un letargo profundo, un letargo del cual espero que no tenga retorno. El retorno, en todo caso, no sería definitivo. Es un victimario tan indefinido el tuyo. Y el nuestro. Esperemos sentados a que venga otro día, un día mejor, un porvenir mejor. Nuestras manos se caen cansadas ya de intentar crear otro día. Esperemos sentados que el cansancio no nos venza.
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno, me receto tiempo, abstinencia, soledad.
La dependencia creció. Yo le pido a tu ausencia un minuto más de paz y a la paz disculpas por llamarla a estas horas.
Y un día se hizo la nada, con nada por delante y nada por detrás. Era la más precaria de las nadas.
Sentado, con los codos sobre la mesa, tus ojos contemplaban un punto fijo en la pared. El punto fijo en la pared poseía el monopolio de tu atención, de tus sentidos, de tu percepción, volcados enteramente en él. Estabas absorto. Y, a su vez, de tus ojos se escapaba la nostalgia que dejás entrever en tus palabras.
- Ella era así.
Repetías la misma composición de palabras con cierta regularidad. Ella resultaba fría y filosa, hiriente, pero resultaba ser tuya cuando terminaba el día y eso era lo único que importaba cuando la oscuridad se cernía sobre nuestros cuerpos. Tan distanciados nuestros cuerpos como ella de vos y vos de ella. Pero ella era tuya, ¿qué importaba lo demás?
Absorto, mirando el punto en la pared, visualizando su cuerpo, oyendo su voz, sintiendo el sabor de su esencia mezclada parcialmente con la tuya, oliendo su perfume, tan característico, su cabello, su sudor, sus manos, su cuello.
-Ella era así.
El agua en el termo se enfriaba entre tus cavilaciones, a la izquierda de tus brazos. El tiempo y el espacio carecían ya de sentido. ¿Qué eran el tiempo y el espacio con ella impresa en tus ojos?
Una charla inútil girando entre los dos y, detrás, está girando “Los Ojos”. Se escapan, paso a paso, las ansias de empujar algo que quizás, después de todo, no es tan perfecto como parecía ser. Quizás nosotros tampoco pudimos alcanzar la perfección. Tan absurdo como se lee, pareció verosímil hasta cierta mañana en la que nuestros pies empezaron a quemarse por diferencias sustanciales, diferencias que siempre estuvieron y siempre descartamos.
Las premoniciones de nuestra Idilia nos quemaron los cimientos. Aquella Idilia se está volviendo gris y yo te pido, por favor, que vuelvas a ponerle tus colores.
Qué se puede hacer, cuando una palabra quemó los pies de algo tan bello? Habrá que ignorar la simple premonición del fin? Sólo te pediría que siguieras siendo la luz de cada día, mi guía, mi amor.
Y te hace las señales con las piernas, desde un punto de la calle desolada...
Es cierto, no es hora para tristezas. Trague, es gratis.
Y ahora, vos, tan pequeña, tan grande, otra vez te enfrentás a una incertidumbre demoledora. Te invoco, ahora, y pienso cuán importante fuiste para mí, tanto como él pero no te doy la misma importancia. Desearía poder y ahora mismo me arrepiento. Quisiera poder pedirte perdón ahora mismo. Sos alma de diamante y todavía sos corpórea. Sos corpórea. ¿Cuánto faltará?
Una tormenta de silencio toca la puerta. Debería cerrar las ventanas, también, para que el silencio no me dé tanto frío. Silencio, no duelas. Dolor, no calles. Silenciate, dolor, que así es mejor...
Me invade una impaz indescriptible cuando te pienso así, en manos ajenas, con palabras ajenas, entre el pelo ajeno, perdido como pocas veces antes... Te pienso tan cálido, acobijado en otras piernas, y todo es un caos, tan revuelto, hecho una espiral subterránea.
- Agachá la cabeza que viene el hachazo.
- Te estás equivocando.
- Ya sé.
- Ya sabés, ya sabés. Te estás equivocando. Tenés que parar.
Y a ti, amor, te veo tan distante que no sé si correr...No sé si eres blanca o si lloras por algo entre tanto silencio, mientras todo estalla...
Vislumbré el verde de la naturaleza, de la naturaleza más pura, salvaje y perenne. El viento frío corrió a su encuentro en un mayo errante. El cielo grisáseo fue testigo del choque de la fantasía virginal y de la realidad dura fría y tibia, la tibieza y el frío de la equivocación.
La puta madre.
Drenar, drenar, drenar, drenar, drenar, drenar, drenar, drenar.
- Y eso, ¿cómo se llamaba?
- Ahora te entiendo.

Dijo que no me quería, que estaba mejor antes. Dijo con sus propios ojos que el centro de su cosmos era ella, sin querer decirlo a través de sus labios. Sus labios exigieron que me alejase. Y me alejé. Me alejé. Me resguardé en el frío y en lo obscuro del viejo mundo del dolor del desarraigo, de un nuevo desarraigo, de un nuevo sabor amargo. Aquel sabor amargo perduró y aún se hace presente algunas noches pero muy pocas.
Sí, amor. Amor.
Dijo que no me quería, que estaba mejor antes.
- Recordándome?
Y loca tu eterna boca maquillada de verano
extraña y rebelde
nos ha dejado su beso.
Ese almizcle nos ha hechizado
Nos ha supuesto tus hermanos
Tus congéneres
Tus tatetíes
Tus dioses.
Y por entre la difícil caricia de la obra,
como recibiendo por fin la mágica verdad,
hemos comprendido que sólo somos tu retorno.
Entonces, ven, sigamos besándonos dulcemente,
pues somos tus hijos.

No. No está bueno.
Clichés.
Quiero estar tranquila. Escuchame. No, no me escuches. Hablá tranquilo. No quiero más.

No quiero, no puedo y no me interesa.
BASTA!
Where have you been?
Como yo, sos egoísta, narcisista y con la firme vocación de ganar siempre en todo.
- Y la triste estampita de un santo...Te acordás de mí.
- Licor, no vuelvas ya! Deja de reír! No es necesario más...
- Pues yo te escribiré, yo te haré llorar y mi boca besará toda la ternura de tu acuario.
Dejame en paz y alcanzá el cielo...ya está de infierno.
Y ver que hoy estás feliz, a pesar de lo funesto, a pesar de toda esa carne, a pesar de todo eso que te obstruye, te limita y te cortará...Es el principio de la culminación de un sueño irremediablemente imposible, una realidad tan idílica como la salvación misma. Pero ver que estás feliz es la idea hecha materia, cuando le das la revancha al dolor.

- El pasado hoy no te deja dormir, querida?
Y a ti, amor, te veo tan distante que no sé si correr. Y no sé si eres blanca o si lloras por algo, entre tanto silencio mientras todo estalla...
I'm on the outside looking inside
What do I see?
Much confusion, disillusion
All around me.
She's a moonchild
gathering the flowers in a garden.
Lovely moonchild,
drifting in the echoes of the hours.
If we can make it, we can all sit back and laugh
Más allá de lo que sos por mí.
Sonorizar palabras, palabras de oxígeno. Sonorizar palabras de oxígeno y la consciencia inmediata. Sonorizar palabras de oxígeno, la consciencia inmediata y la consciencia posterior. Sonorizar, no sonorizar, no oír, no hablar. Hablar, no hablar, al viento. Hablar palabras de viento. Signos fríos, signos tibios de viento.
Me sorprende pensar que, finalmente, no te pienso de la forma en la que te pensaba y no te añoro con la fuerza con la que te añoraba. Veo tu retrato y no me cautiva. Aquel fuego se debilitó. Por suerte.
Descansa aquí, en mis brazos duerme, nena buena...
Sus ojos, al final, olvidaré.
- Your stairway lies on the whispering wind...
Son tantos tus sueños que ves el cielo mientras te veo bailar.
Vuelve del cuento veloz.
Él debe ser la música que nunca hiciste.
"Sólo sabía que idea obsesiva apresuraba su paso, y por qué miraba al día deslumbrante con tan ávidos ojos; aquel hombre había matado lo que amaba, y por eso iba a morir. Aunque todos los hombres matan lo que aman, que lo oiga todo el mundo, unos lo hacen con una mirada amarga, otros con una palabra zalamera; el cobarde con un beso, ¡el valiente con una espada! Unos matan su amor cuando son jóvenes, y otros cuando son viejos; unos lo ahogan con manos de lujúria, otros con manos de oro; el más piadoso usa un cuchillo, pues así el muerto se enfría antes. Unos aman muy poco, otros demasiado, algunos venden, y otros compran; unos dan muerte con muchas lágrimas y otros sin un suspiro: pero aunque todos los hombres matan lo que aman, no todos deben morir por ello. No todo hombre muere de muerte infamante en un día de negra vergüenza, ni le echan un dogal al cuello, ni una mortaja sobre el rostro, ni cae con los pies por delante, a través del suelo, en el vacío. No todo hombre convive con hombres callados que lo vigilan noche y día, que lo vigilan cuando intenta llorar y cuando intenta rezar, que lo vigilan por miedo a que él mismo robe su presa a la prisión. No todo hombre despierta al alba y ve aterradoras figuras en su celda, al trémulo capellán con ornamentos blancos, y al director, de negro brillante, con el rostro amarillo de la sentencia. No todo hombre se levanta con lastimera prisa para vestir sus ropas de condenado mientras algún doctor de zafia lengua disfruta y anota cada nueva crispación nerviosa, manoseando un reloj cuyo débil tictac suena lo mismo que horribles martillazos. No todo hombre siente esa asquerosa sed que le reseca a uno la garganta antes de que el verdugo, con sus guantes de faena, franquee la puerta acolchada y le ate con tres correas de cuero para que la garganta no vuelva a sentir sed. No todo hombre inclina la cabeza para escuchar el oficio de difuntos ni, mientras la angustia de su alma le dice que no está muerto, pasa junto a su propio ataúd camino del atroz tinglado. No todo hombre mira hacia lo alto a través de un tejadillo de cristal, ni reza con labios de barro para que cese su agonía ni siente en su mejilla estremecida el beso de Caifás."
Rencor.
28.06.11
Y un año se escurre entre los dedos. Las pasiones, las preocupaciones, las presiones, las aspiraciones, los sueños, las ambiciones, cuánto peso pierden en este momento. Un año vaticina una sombra, una ausencia, un hueco imposible de llenar que siempre va a estar, junto con otros, en la memoria y en el corazón. Un año, quizás menos. Los pocos recuerdos, las tibiezas que no fueron, el dolor frío y el dolor caliente, los golpes, las hojas, el sol, el viento, la lluvia que se va y el vapor que queda pero, finalmente, se irá. Y aquella euforia, aquel fulgor que te caracteriza, ¿se irá? Y aunque sea tan egoísta, tan irracional, tan indescriptiblemente irracional, por favor, nunca nos abandones. Tantas cosas carecen de valor y sentido al no poder salvarte. Tristemente, la conciencia llegó ahora, ahora que te estamos perdiendo. ¿Qué hacer? ¿Quedará solamente entregar la vida al hedonismo para amortiguar las caídas? Soñá, por favor, soñá y no veas la sombra que un año te depara. Jugá, por favor, jugá y no mirés atrás ni adelante. Que nadie te despierte, que nadie te corrupta, que nadie te disturbe, que nadie, nadie te despierte. Soñá y entregate al fulgor del próximo año.
Y si la ves pasar y no habla es porque sabe que, atado a mi destino, sus ojos al final olvidaré...
Se ríe el niño dormido. Quizás se sienta gorrión esta vez, correteando inquieto en los jardines de un lugar que jamás despierto encontrará.
Que nadie, nadie despierte al niño. Déjenlo, que siga soñando felicidad...
Se muere en su jaula, mira el pájaro, puentes amarillos...

