Temas que están en el brillo de la lágrima de mil años que llora el hombre de la tapa.



written on lunes, 5 de diciembre de 2011 16:52


Dijo que no me quería, que estaba mejor antes. Dijo con sus propios ojos que el centro de su cosmos era ella, sin querer decirlo a través de sus labios. Sus labios exigieron que me alejase. Y me alejé. Me alejé. Me resguardé en el frío y en lo obscuro del viejo mundo del dolor del desarraigo, de un nuevo desarraigo, de un nuevo sabor amargo. Aquel sabor amargo perduró y aún se hace presente algunas noches pero muy pocas.
El almíbar que destila tu boca, aquel vapor dulce que es tu aliento y tus palabras me han unido, nuevamente, con mi ser, con mi propio corazón. Mi ser, mi corazón, mi yo más profundo, mi yo más desconocido es liberado de su prisión al sentir tu piel. Y me desnudo completamente de la realidad, de mi realidad harapienta, absurda, minúscula, carcelaria con tu piel contra mi piel. Existe una rivalidad visceral entre mi raciocinio y mi instinto. El instinto lo creía muerto. Mas, el instinto sólo muere con la muerte. El instinto es hipnotizado por tu perfume, envuelto en tus manos, en tus colores, en tus signos. En cada uno de tus signos es envuelto mi ser más primitivo, mi ser crédulo, mi ser más humano y más vulnerable. Mi ser racional y dictatorial está atado de pies y manos y con los ojos vendados y los zapatos apretados. Los zapatos y las riendas le molestan, sin duda, pero tenés aquella habilidad para liberar toda sensación de encierro, aquella magia increíblemente inexplicable. Y sin tus manos, tus colores, tus signos y tu piel hay cosas que ya no comprendo. Y hay cosas que ya no me importa comprender si no están tus manos, tus colores, tus signos y tu piel.
Hay palabras que no me atrevería a esbozar estando yo consciente o siendo tus ojos los jueces y encargados de dar un veredicto final a lo que enuncie. Éstas son un claro ejemplo.
Y te quiero, te quiero tanto. Te quiero por tus colores, por cómo combinás con la primavera, por cómo quemás mis riendas, mis vendas, mis cadenas, mis condenas, mis cárceles, mis jueces y cada minuto de dolor experimentado. Te quiero por cómo combina tu sonrisa con cada matiz de las flores que arrancás. Te quiero por tus aciertos, te quiero por tus errores, tus incógnitas, tus luces y tus sombras. Te quiero por cada una de tus ideas, por cada una de tus dudas. Te quiero por liberarme y te quiero por liberarte. Te quiero por cómo te alegrás cuando llueve. Te quiero por cómo te encerrás en la cocina cuando llueve. Te quiero por cómo te escondés en mi cuello. Te quiero por cómo tu piel se enciende, se hace fuego, cuando tenés vergüenza. Te quiero por tus caprichos. Te quiero por cuidarme. Te quiero, te quiero tanto.
Y si te vas mañana, tu color no se va a diluir con la luna y con el llanto. El dolor no va a ser amargo, lo va a endulzar los recuerdos más tibios. Podrían existir lágrimas, sí. Sí, podría tener miedo. Sí, podría volver a lo obscuro y lejano. Pero habrías sido tan suave, tan tibio y tan dulce que todo dolor se vería opacado y las lágrimas ya no serían heladas y punzantes. Esta felicidad que está viva en mí, que has logrado parir, que ha nacido y estallado como una supernova, no podría extinguirse.
Te quiero, te quiero tanto.