written on viernes, 8 de junio de 2012
10:36
La lágrima de mil años que llora el hombre de la tapa tiene propiedades específicas: tiene la propiedad de reflejar tristezas profundas, absolutas, tan furtivas y tan poderosas como silenciosas. Cargando tantos pesares, cargando tantas culpas, tantas expectativas, rupturas, comienzos y finales, la gruesa lágrima de mil años baja a una velocidad constante inimaginablemente lenta. La lágrima de mil años no tiene prisa, nadie la llama, nadie la reclama pero los fantasmas la hacen más fuerte, más pesada. El rubor de la nariz del hombre de la tapa delata el poder mismo de la lágrima pesada de mil años. En el rubor y en la palidez mismos del hombre de la tapa se reflejan las propiedades de la lágrima de mil años, tan pesada, tan lenta. En el rubor se esconden esas pasiones que se caen en la vieja lágrima y en la palidez, las ilusiones y los temores. El hielo y la soledad aprietan los dientes y los labios carnosos del hombre, le otorgan poder al líquido salado de su mejilla, hacen que caiga, lento, tan lento que es imperceptible. Las mieles amargas y las soledades llenas de tibiezas pasadas dan el presente en la curva de las cejas del hombre. La tristeza es tan profunda como vieja y pesada la lágrima. Pobre es el hombre que carga con la lágrima de mil años. Aun así, la soledad, la miel, los temores, las ilusiones, los comienzos y las rupturas, lo hacen tan débil como fuerte y pesada es la lágrima. Nadie sabe si la misma piensa quedarse por siempre en la mejilla húmeda, pálida y ruborizada del hombre de la tapa pero él es tan fuerte como su tristeza al soportarla, al acarrearla día tras día en aquella tapa.
written on viernes, 8 de junio de 2012
10:36
La lágrima de mil años que llora el hombre de la tapa tiene propiedades específicas: tiene la propiedad de reflejar tristezas profundas, absolutas, tan furtivas y tan poderosas como silenciosas. Cargando tantos pesares, cargando tantas culpas, tantas expectativas, rupturas, comienzos y finales, la gruesa lágrima de mil años baja a una velocidad constante inimaginablemente lenta. La lágrima de mil años no tiene prisa, nadie la llama, nadie la reclama pero los fantasmas la hacen más fuerte, más pesada. El rubor de la nariz del hombre de la tapa delata el poder mismo de la lágrima pesada de mil años. En el rubor y en la palidez mismos del hombre de la tapa se reflejan las propiedades de la lágrima de mil años, tan pesada, tan lenta. En el rubor se esconden esas pasiones que se caen en la vieja lágrima y en la palidez, las ilusiones y los temores. El hielo y la soledad aprietan los dientes y los labios carnosos del hombre, le otorgan poder al líquido salado de su mejilla, hacen que caiga, lento, tan lento que es imperceptible. Las mieles amargas y las soledades llenas de tibiezas pasadas dan el presente en la curva de las cejas del hombre. La tristeza es tan profunda como vieja y pesada la lágrima. Pobre es el hombre que carga con la lágrima de mil años. Aun así, la soledad, la miel, los temores, las ilusiones, los comienzos y las rupturas, lo hacen tan débil como fuerte y pesada es la lágrima. Nadie sabe si la misma piensa quedarse por siempre en la mejilla húmeda, pálida y ruborizada del hombre de la tapa pero él es tan fuerte como su tristeza al soportarla, al acarrearla día tras día en aquella tapa.
"Pues hay holgazanes y holgazanes.
Existe el que es holgazán por pereza y debilidad de carácter, por la bajeza de su naturaleza; tú podrías, si crees que encajo, tomarme por tal holgazán. Luego, está el otro holgazán, el que es holgazán verdaderamente a pesar de sí mismo, que es corroído por dentro por un gran deseo de acción, que no hace nada porque encuentra imposible hacer nada ya que está aprisionado en algo, por decirlo así, porque no tiene lo que necesitaría para ser productivo, porque la inevitabilidad de las circunstancias lo ha reducido a este estado. Tal persona no siempre sabe por sí misma lo que podría hacer, pero siente,“por instinto, ¡aún así, soy bueno en algo! ¡Siento que tengo una razón de ser! ¡Sé que podría ser un hombre diferente! Entonces, ¿para qué podría ser útil, para qué podría servir? ¡Hay algo dentro mío, pero ¿qué es?!” Ese es un holgazán completamente diferente; tú podrías, si crees que encajo, tomarme por tal.
“Un pájaro enjaulado en primavera sabe poderosamente bien que hay algo para lo cual serviría, siente poderosamente bien que hay algo que hacer, pero no puede hacerlo. ¿Qué será? No lo recuerda bien: luego, tiene ideas vagas y se dice: “los demás hacen sus nidos y tienen sus pequeños y los crían”; y luego se golpea el cráneo contra los barrotes de la jaula. Y la jaula queda ahí y el pájaro está loco de dolor.
““Ese es un holgazán”, dice otro pájaro que pasa, “ése es una especie de rentista”. Empero el prisionero vive y no muere, nada aparece por fuera de lo que le pasa adentro; está bien de salud, está más o menos alegre bajo los rayos de sol. Pero viene la estación de las migraciones. Ataque de melancolía. “Sin embargo –dicen los niños que lo cuidan en su jaula–, tiene todo lo que necesita”. Pero él sigue mirando, afuera, el cielo hinchado, cargado de tormenta, y siente, dentro de sí, rebelión contra la fatalidad. “Estoy enjaulado. Estoy enjaulado. Y, por lo tanto, no me falta nada. Imbéciles. ¡Ah, por piedad, la libertad! ¡Ser un pájaro como los demás pájaros!””.
Un hombre holgazán como aquel se parece a un pájaro holgazán como este.
Y es a menudo imposible para los hombres hacer algo, prisioneros en no sé qué clase de horrible, horrible, muy horrible jaula. También existe, lo sé, liberación, liberación tardía. Una reputación arruinada, correcta o incorrectamente, pobreza, inevitabilidad de circunstancias, desgracias; que crean prisioneros.
Puede suceder que no siempre seas capaz de decir qué es lo que te confina, te empareda, lo que parece enterrarte, y aún sientes la existencia de no sé qué barrotes, no sé qué puertas, muros.
¿Es todo eso imaginario, una fantasía? No lo creo; y entonces te preguntas a ti mismo, Dios mío, ¿esto durará mucho, es esto para siempre, es esto por toda la eternidad?
Sabes, lo que hace desaparecer a la prisión es todo apego, profundo y serio. A ser amigos, a ser hermanos, a amar; eso abre la prisión por un poder soberano, a través del hechizo más poderoso. Pero aquel que no lo tiene permanece en la muerte. Pero cuando el sentimiento surge de nuevo, la vida surge nuevamente."
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